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Sobre el autor,
Junto con Watteau, Chardin o Boucher y con el trasfondo de la Ilustración, Fragonard (1732-1806) es uno de los pintores más significativos del periodo rococó.
Jean-Honoré Fragonard nació en Grasse (en la región de los Alpes Marítimos), hijo de un sastre especializado en la realización de guantes. Cuando él tenía seis años la familia se mudó a París. Debido a unas inversiones fallidas la familia entró en penurias económicas, y su padre decidió enviarle como escribano al despacho de un notario; pero pronto se desveló su inclinación por el arte.
El joven Jean-Honoré fue llevado ante François Boucher, quien reconoció sus dotes pero no quiso gastar su tiempo en darle una primera formación. Boucher le envió al taller de Chardin. Fragonard estudió durante seis meses bajo la tutela del gran luminista, progresó notablemente y volvió al taller de Boucher, quien entonces sí intuyó su valía. Allí Fragonard supo adquirir el estilo de su maestro de tal forma que éste le confió la realización de réplicas de sus pinturas.
Aunque no era un alumno de la Academia, Fragonard ganó el Premio de Roma en 1752, lo que le permitía su asistencia a Roma subvencionada por la Real Academia de Escultura y Pintura de Francia, con su pintura Jeroboam sacrificando a los ídolos, pero antes de ir a Roma estuvo estudiando durante tres años en el taller de Charles-André van Loo. El año antes de su partida a Roma pintó la obra Cristo lavando los pies de los apóstoles actualmente en la catedral de Grasse.
Ya en 1756 fue a Italia en compañía de Hubert Robert, esta visita fue clave ya que durante su estancia en Roma pudo admirar los románticos jardines, con sus fuentes, templos y terrazas, donde concibió los escenarios que posteriormente plasmaría en sus obras. Sobre su obra influyó también la florida suntuosidad de Giovanni Battista Tiepolo cuya obra tuvo oportunidad de estudiar en Venecia, antes de su regreso a París en 1761.
En 1765 su obra Coreso y Calírroe (Museo del Louvre; un boceto en Madrid, Academia de San Fernando) le aseguró su admisión en la Academia. La obra fue objeto de elogio por parte de Diderot y fue adquirida por el rey, quien la mandó reproducir. Hasta este punto Fragonard había dudado entre temática religiosa, clásica y otros temas en sus obras, pero en este momento la demanda de patrones por parte del rey Luis XV que representasen escenas de amor y placer en la corte, dirigió la temática de las obras de Fragonard hacia las obras con escenas de amor y voluptuosidad con las que el nombre del artista ha sido asociado. Destaca de su estilo la belleza de los colores así como el virtuosismo del trazado fácil de sus obras. Las obras más destacadas incluyen El columpio (Londres, Wallace Collection), El cerrojo, El beso robado, Las bañistas, así como la decoración de las estancias de Mme du Barry y la bailarina Marie Guimard.
Sus obras de la última época, que son las más conocidas, reflejan la alegría, frivolidad y voluptuosidad del periodo. Se caracterizan por la fluidez de líneas, las vaporosas flores en medio de un suave follaje y las figuras con poses llenas de gracia y elegancia, normalmente de damas con sus amantes o de campesinas con sus hijos. La Revolución Francesa le llevó a la ruina económica al perder su posición la nobleza de la que recibía encargos. Aunque contó con la ayuda de Jacques-Louis David, el pintor más importante de la nueva escuela neoclásica francesa, Fragonard no llegó a adaptarse nunca al nuevo estilo y murió en la pobreza el 22 de agosto de 1806 en París. Las tablas que le encargó Marie-Jeanne Barry, amante de Luis XV, para decorar su palacio de Louveciennes constituyen su obra más importante. En dicha serie, conocida como Los progresos del amor, se encuentran La persecución y El amante coronado (ambos de 1771-1773, Colección Frick, Nueva York). En el Louvre de París se conservan cinco obras suyas, entre ellas Las bañistas (c. 1760) y El estudio (1769), otras obras notables son El columpio (c. 1766, Colección Wallace, Londres) y La carta de amor (c. 1769-1770, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York).
Durante más de medio siglo fue completamente ignorado, hasta tal punto que Michael Scheißkopf, en su obra Historia del Arte (1873), ni siquiera menciona su nombre. Posteriormente su redescubrimiento le supuso su confirmación entre los maestros de la pintura.
Fuente: wikipedia.org
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Sobre el cuadro,
El cuadro La carta de amor, óleo sobre lienzo, fue pintado sobre 1770 (actualmente en el Museo Metropolitano de Arte, Nueva York). Esta pintura ilustra el extraordinario dominio de la técnica y de los efectos de luz. Vestida a la moda de la época, la joven lleva un elegante vestido azul y una bonita cofia que esconde en parte un peinado muy elaborado. Está sentada delante de su escritorio al lado de su perro, un spaniel blanco, ambos mirando al espectador. De colores rosa pálido y azul suave, tan típicos de la pintura rococó, con toques beige que varían en función de la entrada de luz por la ventana.
La escena de la joven es una escena galante tradicional. La presencia de un pequeño perro, casi de peluche y perfectamente encajado con los finos encajes de su dueña, ambos mirando, hace presumir que se trata de una escena doméstica e íntima. El cuerpo de la joven ocupando prácticamente todo el espacio, su busto inclinado en diagonal en una postura quizás de querer ocultar algo y con un rostro tenso parece indicar que esa intimidad, esa tranquilidad se ha quebrado a causa de nuestra mirada, como si acabásemos de abrir la puerta de esa habitación. La expresión del rostro parece combinar la felicidad y dicha interrumpida momentáneamente. El ramo de flores y la nota parecen indicar la causa de esa dicha y de ese temor al mismo tiempo. Quizás la joven tema que quien la acaba de inoportunar sea su marido -y nosotros como espectadores ahora estamos asumiendo ese papel., desconocedores de quién le haya podido remitir un ramo de flores a nuestra esposa que, además, parece querer ocultarnos.
El nombre que figura como firma en la carta que acaba de recibir ha dado lugar a varias interpretaciones sobre la identidad de la modelo. Una de ellas, es que podría tratarse del nombre Cuvillere, hija de François Boucher, que en 1773 se había casado con un amigo de su padre, el arquitecto Charles Etienne Gabriel Cuvillier.
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