LIVRE I -Moi, Giacomo Casanova-

 

Casanova- Introducion

 

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«Nacido en el año 1725 de padres comediantes, Zanetta, su madre, fue una bella actriz que supo demostrar su valía trabajando en numerosos teatros de toda Europa, interpretando todo tipo de papeles y cosechando un notable éxito, pero que nunca llegó a interpretar el de madre. Gaetano, su padre o al menos progenitor declarado -pues Casanova siempre mantuvo que su verdadero padre era un Grimani de la familia veneciana más influyente del momento de ahí, quizás, sus ínfulas de aristócrata-, falleció tempranamente cuando Giacomo apenas tenía ocho años. Ninguno de los dos pudo o supo dar la infancia que hoy imaginaríamos para un menor por lo que, en una época y en un lugar donde casi nadie era hijo de su padre y los niños solían quedar desatendidos o a la suerte de un familiar, un tutor o, en el peor de los casos, de un orfelinato, Giacomo esa suerte la pudo encontrar en su adorada abuela materna y en su estimado Giorgio Baffo, amigo de la familia, que fueron quienes se encargaron de él durante sus primeros años.

No sólo de niño, durante toda su vida el mundo del teatro siempre rodeó a Casanova. De ahí que siempre entendiese la realidad no como un todo, con un pasado que evocar y un futuro en el que preocuparse, sino como una sucesión de pequeñas y breves representaciones teatrales en las que podía triunfar o fracasar, para rápidamente pasar a otra. Pero siempre interpretando, aparentando su propia vida, siendo él el único protagonista.

Curado tempranamente de «imbecilidad» -según él mismo nos cuenta-, mediante sospechosas técnicas de brujería no extrañas en la época, a la edad de nueve años la abuela lo dejó en Padua bajo la tutela del abad Gozzi que, además de profesor, era casualmente coleccionista de libros pornográficos. Con él Casanova pudo estudiar provechosamente toda la obra y, con la hermana del abad, cuatro años mayor que él llevarla a la práctica.

De joven probó la carrera eclesiástica, llegando a ser abad, predicador y ayudante de Obispo, incluso recibiendo los votos menores. También hizo de violinista en la orquesta del teatro San Samuelle, pero pronto descubriría que no había nacido para las estrecheces de la vida religiosa, ni para formar parte anónima de ninguna orquesta.

 Más tarde fue estudiante de Derecho en la Universidad de Padua, doctorándose a los dieciséis años y trabajando durante un tiempo en el despacho de un abogado veneciano, hasta que, al poco tiempo, también se percató que el mundo de las leyes y de las reglas de lo correcto y de lo incorrecto le hastiaba y se le quedaba pequeño.

 Otro contemporáneo suyo, Carlo Goldoni, también abandonó pronto la profesión de jurista. Y seguramente con acierto pues pasó a convertirse en uno de los más célebres compositores teatrales de todos los tiempos. En sus Mémoires nos cuenta: » Hay en Venecia unos 240 abogados en ejercicio. Hay diez o doce de primer rango, veinte quizás que ocupan el segundo, todos los demás van a la caza de los clientes, y a estos pequeños «procuradores» les gusta ser sus perros, a condición de que se comparta la presa.» En esas circunstancias Casanova también pronto descubrió que no quería ser el «perro» de nadie.

 Por ello probó suerte en la carrera militar, alistándose al servicio de la República y viajando a Corfú y Constantinopla, hasta cerciorarse que la rigidez de la disciplina castrense tampoco encajaba con su espíritu impetuoso, ni con sus ansias de volar alto y rápido.

 A los veintiún años de edad un golpe de suerte, acompañado de sus amplios conocimientos cabalísticos y de una alta dosis de charlatanería, consigue que su vida sufra un cambio radical. Salva la vida del Senador Bragadin, uno de los grandes Señores de Venecia, y éste en agradecimiento sincero le reconoce que: «Te debo la vida. Tus protectores que quisieron hacerte sacerdote, doctor, abogado, soldado y violinista no fueron más que unos necios…, Si tú quieres ser mi hijo, no tienes más que reconocerme como padre y, a partir de entonces, en mi casa te trataré como tal hasta mi muerte. Tu apartamento está preparado, hazte llevar tus ropas, tendrás un doméstico y tu góndola pagada, nuestra mesa y diez cequíes por mes. No es necesario que te preocupes del futuro, piensa en divertirte…». Y, dicho y hecho, Casanova tomó al pie de la letra estas palabras y sólo pensó en divertirse, sin nunca más preocuparse por el futuro, si no era para asegurarse del disfrute de los placeres que éste le pudiere tener reservados.

A partir de ahí lo podemos imaginar dándose insaciablemente a los grandes y a los pequeños deleites de la vida, intentando satisfacer su insaciable curiosidad indagando en cualquier sitio sin profundizar en estériles preocupaciones, justificando sus caprichos recurriendo al Destino, como ente omnipresente e impredecible, como una rueda de la Fortuna que también lo llevaba a jugar y a apostar compulsivamente, embolsándose a veces fuertes sumas dinero, perdiéndolas otras. Invirtiendo en negocios que le hacían ganar grandes fortunas un día para arruinarlo al otro, pero siempre enriqueciendo el espíritu con la experiencia que sabía exprimir de la vida. Y, todo ello, claro, engalanado con las mejores prendas, con los anillos más ostentosos, con los bolsillos rebosantes de dinero, cuando la suerte le había sonreído y, cuando no, con alguna sospechosa letra de cambio a endosar al primer incauto que se le cruzara. Siempre a la búsqueda de ese instante perfecto, ese instante “de novedad pura en el que nada cuenta, ni pasado ni futuro, en el que el presente se limita a la suma de alegrías”.

Visitante asiduo de las diferentes prisiones de Europa, entre ellas la cárcel de Corte de Madrid y la prisión militar de la Ciudadela de Barcelona, fue encarcelado por los Inquisidores del Estado en la prisión de los Plomos del Palacio Ducal de Venecia, una de las más temidas de toda Europa y cuya célebre evasión fue uno de los acontecimientos más sonados de mediados del siglo XVIII y la que lo convirtió a los treinta y un años en un apátrida, a la vez, que en un ciudadano europeo. Con ella consiguió demostrar al mundo que nada ni nadie podía ponerle límites a su libertad, su más preciado tesoro, ni a su insaciable búsqueda de aventura. Salvo la vejez, aún por llegar.

 Tras años de numerosas vicisitudes, de numerosas representaciones por los escenarios de las diferentes sociedades europeas, con mayor o con menor éxito, consigue, tras mucho desearla, la autorización para su ansiado retorno a Venecia. Pero lo que, gracias a todos los conocimientos adquiridos, debería de haber sido una jubilación dorada para un Casanova cincuentón, se convirtió en una vida vulgar y ordinaria, al negarle el Estado el oficio que él entendía merecer, debiendo subsistir durante ese tiempo con las escasas rentas que le ofrecía su nuevo trabajo de… chivato para los Inquisidores del Estado. Un impostor denunciando a los impostores. Ahora se entiende porqué este período de su vida no lo incluyó en sus Memorias.

Pero a pesar de la edad alcanzada y de su vida, ahora más o menos chabacana, no dejó de ser él mismo, l´enfant terrible veneciano, por lo que, gracias a nuevos enfrentamientos con la mayor parte de la aristocracia veneciana, volvió a verse nuevamente exiliado de Venecia, viéndose de nuevo obligado a viajar por los caminos de Europa. Pero ahora con sesenta años, moral y físicamente cansado y necesitado a toda costa de alguna renta para subsistir. Su carroza ya la había vendido, lo poco que tenía también hubo de venderlo. Sólo conservó sus anillos, sus tabaqueras, sus cadenas de oro y sus trajes. Y, claro, sus notas y sus libros.

Sus últimos trece años, se refugió como bibliotecario del conde Joseph Carl Emmanuel Waldstein en el castillo que éste poseía en Dux, en la Bohemia. Allí, tras una prolífica existencia dedicada a la literatura, falleció el año 1798 a los setenta y tres años de edad.»

Y para conocer su persona y su filosofía de vida propongo este Capítulo, donde en su desplegable se irán insertando todos aquellos artículos que puedan resultar de interés.

Extraido del libro «La realidad de Giacomo Casanova» de muy próxima aparición. Más información aquí: http://wp.me/p4Y5Vo-1R

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