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Durante el siglo XVIII, Venecia fue, ante todo, la capital de la música. Sus mayores reclamos fueron la ópera y, sobre todo, los Ospedali (“orfanatos”), una institución genuinamente veneciana. Se trataba de agrupaciones de mujeres huérfanas educadas para cantar y tocar instrumentos. Una vez dignas de ser escuchadas, actuaban en la iglesia de su respectivo Ospedal detrás de una celosía, de manera que no se las pudiera ver.
Hubo cuatro: la Pietà, los Mendicantti, el Ospedaletto y los Incurabili. Los bebés podían ser dejados a través de la scaffetta, una ventana única lo suficientemente grande como para admitir niños. No todos los niños eran del sexo femenino, ni eran necesariamente huérfanos
Como las bandas famosas de la actualidad, aquellas orquestas arrastraban auténticas masas de seguidores, que pugnaban entre sí para decidir cual era el mejor. Las grandes fortunas también competían por patrocinar a su Ospedal favorito, por lo que el gobierno de estas instituciones estuvo siempre en manos laicas y privadas. El clero sólo se encargaba de la parte pedagógica. Gran parte del trabajo de Vivaldi consistía en renovar constantemente el repertorio de la Pietà, el hospicio más famoso, además de enseñar a las huérfanas. Es difícil compararlo con una institución musical actual, ya que ninguna sala de conciertos utiliza huérfanas hoy en día, pero a nivel de popularidad, la Pietà fue similar a los Niños Cantores de Viena.
En el llamado siglo del libertinaje -no olvidemos que es la época de Casanova (1725-1798)-, la fórmula de escuchar a unas jovencitas vírgenes cantar como ángeles detrás de una celosía, sin duda, fue todo un acierto.“No puedo concebir nada tan voluptuoso, tan conmovedor como esa música”, afirmó Rousseau (1712-1778) a propósito de los Mendicantti, y añadiría más tarde Goethe (1749-1832), “no haber podido imaginar voces parecidas”.
El nombre de las cantantes e instrumentistas más destacadas estaban en la boca de todos; el aforo de los Ospedali siempre estaba lleno. En palabras de Patrick Barbier, especialista en la música de Vivaldi, “Venecia puede enorgullecerse así de haber llevado a cimas de perfección y prestigio internacional un arte musical servido por los más humildes, en las antípodas de las prácticas elitistas corrientes en otros lugares”.
Fuente: Fernando Garcés Blázquez, escritor
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