Chapitre II -À Barcelone (I)-

Barcelona plano, 1806

Barcelona, plano, 1806

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La estancia de Casanova en Barcelona, aunque breve, fue una de sus aventuras más sonadas.

A mediados del mes de septiembre de 1968 Casanova abandona Madrid, una vez declarado persona non grata, con escasos recursos económicos, cuarenta y tres años de edad y con el objetivo principal de asegurarse una existencia digna y tranquila. Y si puede ser en su querida Patria, Venecia, mejor.

Tras pasar por Zaragoza llega a Valencia, ciudad desagradable e incómoda, de calles sin pavimentar, sin cafés ni sitios donde poder sentarse a tomar algo, salvo tabernas indecentes de vino detestable. Ahí se encuentra con la bailarina Nina, una belleza italiana que, desgraciadamente para él, es la amante de Ambrosio Funes de Villalpando, conde de Ricla, capitán general del principado de Cataluña y más tarde ministro de la Guerra. Cuando el Obispo de Barcelona permite la vuelta de Nina a esa ciudad, Casanova -equivocadamente- la sigue. Y, tras un día de turismo en Tarragona donde aprovecha para visitar sus «antiguos monumentos», reanudará ya en la ciudad condal sus visitas nocturnas a Nina.

La noche del 15 de noviembre, al salir de la residencia de la Nina, es asaltado por dos hombres; logra escapar, pero a las siete de la mañana es detenido con la excusa de la escasa fiabilidad de su documentación y encerrado en la Ciudadela. Tras seis semanas de estancia en esa cárcel, y una vez reconocidos sus pasaportes, se le dan tres días de plazo para salir de Barcelona y ocho de Cataluña.

Finalmente el día 31 de diciembre de ese mismo año cruza Casanova los Pirineos, harto de este país, en huida apresurada y dejándonos escrito en sus Memorias: “¡Pobres españoles! La belleza de su país, la fertilidad y la riqueza son la causa de su pereza, y las minas del Perú y del Potosí son las de su pobreza, de su orgullo y de todos sus prejuicios. Para convertirse en el más floreciente de todos los reinos de la tierra, España tendría necesidad de ser conquistada, zarandeada y casi destruida, y renacería apta para ser la morada de los seres felices”.

Y, cuando en los primeros días del año 1769 Casanova llega a Montpellier exclama: “Después de tantas desgracias como me habían atormentado en España, al encontrarme en Francia respiraba; me parecía que había renacido, y de hecho me sentía rejuvenecido”.

No consta la fecha exacta de entrada de Casanova a Barcelona pues éste sólo nos dice que salió de Madrid a mediados de septiembre de 1768. Después fue a Zaragoza en visita fugaz, pasó unos días o semanas en Valencia y un día completo en Tarragona, sin que haya ningún otro evento remarcable en sus Memorias que nos permita fijar ninguna fecha exacta hasta el día 14 de noviembre en que nos manifiesta que, como mínimo, llevaba ocho días en Barcelona.

Según sus Memorias «Au bout de huit jours passés à mon étonnement sans que Nina m´eút jamais écrit d´aller le voir, j´ai reçu un billet dans lequel elle me dit de passer chez elle…» (Histoire de Ma Vie, Cap. V, Vol 11)

De esta forma situaríamos la entrada de Casanova en Barcelona entre finales de octubre y principios de noviembre de ese año 1768.

Sin embargo, una prueba documental indirecta sí que nos permite aegurar la fecha exacta en que se produciría su llegad a la ciudad condal. En el artículo de la escritora y casanovista Marina Pino «Casanova, le comte, la danseuse et l´évéque. Drame ou Vaudeville? aparecido en la revista L´intermediaire des Casannovistes (p. 6) cita una anotación literal que consta en el Diari d´anotacions personals (1754-1772) de Josep Fàbregas i Clarina, quien fuera miembro del Consell municipal de Barcelona durante la época en cuestión que, textualmente recoge: «El 9 de noviembre de 1768 ha vuelto a esta ciudad la bailarina llamada la Nina» (Biblioteca Nacional de Catalunya, Ms 2823, Tomo II, p. 122).

Así, si tenemos en cuenta que Casanova y Nina se despidieron tras pasar la noche juntos en un hostal de Tarragona, en su viaje de retorno de Valencia a Barcelona, y ella «partit le matin, m´ayant dit de ne partir que vers la nuit pour être a Barcellone le lendemain matin …/… J´ai fait tout ce qu´elle a voulu, et je suis arrivé à Barcellone au commencement du jour.» (Histoire de Ma Vie, Cap. IV, Vol 11), no cabe más que concluir sin ningún género de dudas que fue en la mañana del día 10 de noviembre de 1768 cuando Giacomo Casanova hizo su entrada en Barcelona.

En cuanto a la fecha de partida el propio Casanova nos indica que el último día del mismo año cruzaba los Pirineos hacia Francia, mencionando una única parada para pasar noche desde su salida de Barcelona y hasta alcanzar la frontera. Por tanto, sería el día 30 de diciembre de 1768 cuando supuestamente Casanova salió de la ciudad de Barcelona cumpliendo la orden de expulsión recibida.

Pues bien, si nos creemos lo que cuenta Casanova en sus Memorias, en los escasos dos meses de estancia en Barcelona, cuarenta y dos días de ellos, más de la mitad los pasó en prisión -en otro momento trataremos cuál pudo ser el motivo real de este aprisionamiento-, aprovechó para escribir una de sus obras más importantes, se reunió en varias ocasiones con el mismísimo Capitán General de Catalunya, así como con otros altos miembros de la nobleza catalana, siguió beneficiándose de Nina, una de las bailarinas más bellas de la época, sufrió un intento de asesinato…

Así, ciertamente el conde de Ricla era el Capitán General y gobernador instalado en Barcelona en esa época, ciertamente la bailarina Nina también podríamos situarla ahí en las mismas fechas pero, ¿realmente estuvo Giacomo Casanova en alguna ocasión de su vida en Barcelona? ¿Es creíble lo que nos cuenta en sus Memorias?

Vamos a dedicar las siguientes páginas a despejar tales incógnitas.

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