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Ya en el siglo XIX uno de los grandes casanovistas, Ancona, y ante la perpetua controversia sobre la veracidad o no de lo dejado dicho por Casanova en sus Memorias, y apostando por la sinceridad de éste, animaba a indagar sobre la veracidad :
«Retrouver, dans les pays parcourus par l’auteur, des souvenirs contemporains ou postérieurs, des lettres, des documents, qui, mis en confrontation avec les Mémoires, en éclairciraient la sincérité, et fourniraient de plus grands et de plus exacts renseignements sur une foule de petits faits du siècle passe, non moins utiles à connaîttre, pour se former une conception historique précise, que les grands faits bruyants et à éclats, bien connus de tout le monde.»
Han sido numerosas las indagaciones llevadas a cabo en este sentido, y tan numerosos han sido los frutos obtenidos a lo largo de los años por historiadores o por simples aficionados, como numerosos han sido los fracasos en los intentos de buscar alguna información objetiva que pudiere mostrar como veraz o como mera falacia las sorprendentes aventuras con las que Casanova nos deleita en sus Memorias.
Adelanto que el episodio de Barcelona se suma entre los últimos. Fracaso, sí, aunque no del todo.
En adelante trataré de recoger lo que, con dicho objetivo, se ha llevado a cabo hasta la fecha sobre la supuesta estancia de Casanova en Barcelona.
Como nos dice Carles Pi i Sunyer -sí, el que fuera alcalde de Barcelona- en su obra «Tres aventurers italians a Barcelona» (publicada el año 1936, ya iniciada la contienda civil española) la realidad de la estancia de Casanova en Barcelona es un problema no resuelto y que, probablemente, nunca podrá serlo, por las condiciones en que tuvo lugar y por la falta de piezas de archivo, imposibles de encontrar y posiblemente perdidas, «si es que en algún momento existieron».
Los intentos han sido varios y todos en vano o con escasa recompensa. En el año 1897, expresamente con el objetivo de investigar sobre su estancia, el doctor Guède -quien por otro lado ya había logrado importantes descubrimientos confirmando pasajes de las Memorias en los Archivos y Registros de París-, visitó durante varios días la ciudad condal y en un artículo publicado en el año 1912 en la revista Mercure de France resumió sus indagaciones confesando la infructuosidad de las mismas. Y así nos cuenta cuál era el empeño con que partió el dr. Guède:
«Nous partîmes donc en 1897, pour Barcelone, chercher s’il n’était pas possible d’y retrouver trace du passage de l’aventurier, des personnages dont il cite les noms et de son emprisonnement dans la tour de la Citadelle.»
Tras varios días de intensa búsqueda e indagaciones en Barcelona Guède apenas confirma informaciones ya sabidas como confirmar que el Conde de Ricla había sido efectivamente el Capitán General de Catalunya en la época en cuestión, la existencia de una «Torre» en Barcelona que realizaba las funciones de prisión, pero imposible de visitar por cuanto sobre ella se construyó lo que hoy es el Parque de la Ciudadela.
En su búsqueda Guède descartó los Archivos de la Corona de Aragón por contener información anterior a la anexión de esta Corona al Reino de España, o sea hasta el año 1714 y, principalmente, se centró en los Archivos municipales de Barcelona y en el «Dietario» del año 1768, publicación periódica de la época, donde no encontró absolutamente nada de interés.
Comprobado que los archivos de la Ciudadela habían sido trasladados a Capitanía General según les manifestó un tal «M. d´Espujol» -en realidad se refiere a Eulogio Despujol y Dusay, conde de Caspe, Capitán General de Catalunya desde 1896-, y que se trataban de archivos de carácter militar pero que, a pesar de tal carácter y del de extranjero del peticionario, consentió el acceso y su estudio limitado, eso sí, al año que se investigaba. Sin embargo, consultadas todas las referencias a «encarcelamientos» de todo el año 1768 Guède no encontró el nombre de Casanova en ningún lugar.
Como último intentó Guède también se dirigió al Conde de Peralada, a quien Casanova manifiesta haber visitado en varias ocasiones durante su estancia en Barcelona. La respuesta del Conde fue ésta -literal-:
«J’ai l’honneur, Monsieur, de vous accuser réception de votre honorée lettre du 28 janvier, me demandant des renseignements sur le séjour à Barcelone d’un Monsieur Casanova (sic).
Je regrette ne pouvoir pas vous fournir le moindre renseignement à ce sujet, car vous comprendrez qu’une simple visite de ce Monsieur au Comte de Peralada ne peut avoir laissé la moindre trace après un siècle.
Veuillez, etc.
Le comte de PERALADA
Madrid, 9 février 1897″
(Fuente: Mercure de France, 16-4-1912, gallica.bnf.fr)
El completo fracaso de su intento, que el propio Dr. Guède reconoce en su artículo, incluso le desmotivó para seguir indagando sobre la estancia previa de Casanova en Madrid, como había sido su intención inicial.
Pero la búsqueda por otros casanovistas continuó.
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