Manon Balletti, correspondance

 

♣♣

portada libroA continuación transcribo (traducida literalmente del francés) el texto de la primera de las cartas manuscritas por Manon Balletti y dirigidas a Giacomo Casanova, y que fueron halladas entre sus documentos personales en el Castillo de Dux y actualmente depositadas en el Archivo Nacional de Praga. Hasta la fecha nunca han sido publicadas en España:

♣♣♣♣

«París, finales de abril de 1757

Mientras que vos estáis ahí cotilleando, mi querido amigo, voy a escribiros. Estoy muy contenta de que no dudéis más de mi amistad por vos (estaríais muy equivocado si fuera de otra forma), pero querría que este convencimiento no os sirviera más que para amarme aún más y no os deje tan seguro de mi cariño que podáis olvidaros de conservar mi corazón, aunque creo que no tenéis necesidad de que os diga todo esto: si bien me queréis, procuraréis sin duda de hacer que yo también os quiera siempre.

Estoy impaciente porque M. Rodrigo no se va ¡es horrible! No le falta más que la guitarra. Daros prisa, mi querido amigo, si queréis verme.

¡Oh, Dios mío!, apenas me queréis porque no os apresuráis.

¡Oh, no!, no sé lo que me digo; me queréis bien, mi querido; pero estoy impaciente, porque preveo que si venís tan tarde, os veré menos; y estoy muy contenta de veros las tardes, porque os veo un poco más libremente… Pero oigo movimiento; eh! bien… oh! no es nada todavía… Soy yo que me impaciento.

¡Oh, Sia lodato quel che diceva la signora zia!, ¡Marchan, marchan! Y yo estoy encantada, pues os voy a ver pronto. Pero, ¡qué!, ¿Mme. Jules no se va?… ¡Ah, pues no, ha marchado!, ¡Ah, Dios sea bendito!

Ahora os espero. ¡Ah! si vos remoloneáis, debéis sentir, mi querido amigo, la misma impaciencia que yo; si me amáis, ¡llegad entonces!, ¡Dejo la pluma a cada momento para esperaros!… ¡Ah!, ¡aquí estáis!»

♣♣♣♣

 La siguiente carta de Manon se la dirige a Casanova durante su corta estancia en Holanda, Es de finales de agosto de 1757:

 

♣♣♣♣

«Noche del domingo, a medianoche.

Soy consciente más que nunca de la tierna amistad que le tengo, mi querido Casanova, la presente ocasión me lo demuestra más que nunca. Vuestro alejamiento me causa un dolor que no os puedo describir, el abatimiento que sufro no me da la fuerza suficiente. No puedo hacerme a la triste idea que estéis alejado de mí, que estaré dos meses enteros sin veros y sin poder ni tan siquiera recibir vuestras noticias. Estos tristes pensamientos me apesadumbran, me afligen el corazón de dolor. No puedo pensar en ello. Desgraciadamente, mi querido amigo, muy pronto yo misma estaré privada de daros testimonio de mi amistad: mi hermano marcha, toda consolación me es sustraída, imaginaos mi estado, mi querido amigo. Os amo, no puedo negarlo (que esta confesión os sirva para amarme más y no para vanagloriaros, pues, ¿qué ganaría con ello?). En fin, os amo. Os vi marchar con la pena que siente un corazón cuando está en el momento de perder aquello que ama; ha sido necesario constreñir mi dolor, no mostrarlo a un montón de fisgones que parecen examinarme con curiosidad bárbara. ¡Ah, qué terrible momento, en que la noche parece venida a propósito! Me acosté, no tanto para dormir sino para pensar en vos más confortablemente y liberar mi llanto retenido durante demasiado tiempo; y no se ha agotado. He leído y releído vuestra querida carta. En ella me recomendáis la alegría. ¡Eh!, ¿Puedo tenerla, sabiéndoros lejos de mí? Si me amáis, mi querido, no deberíais sentirla y sí pensar que estoy en el mismo caso. ¡Qué razón tenéis de no sospechar de mi infidelidad! No me siento incitada a serlo, y menos con vos.

¡Si supiera cuán querida me ha sido vuestra carta! La releo lo más a menudo que puedo, no me abandona noche ni día, es mi compañera de tristeza, como a mí me gustaría que mi corazón fuera el de vuestro viaje. ¿Puede él seros siempre querido, vuestro pequeño compañero, de la misma forma en que todo lo que viene de vos me lo será eternamente?, ¿Puede vos amarme siempre? Me atrevo a deciros que me lo debéis. ¡Aun cuando sólo sea por reconocimiento! Adiós, mi muy querido Casanova, voy a pasar una noche quizás menos dolorosa que la otra, pues os he escrito y es al menos un pequeño consuelo. Pero, por desgracia, cuando pienso que no me contestaréis, que ni tan siquiera sabré si habéis recibido mi carta, y que bien pronto incluso el consuelo de escribiros me será arrebatado, todas mis penas renacen, mi llanto comienza a correr y me vuelvo a encontrar tan digna de compasión como antes. ¡Oh, Dios por qué tengo el corazón tan sensible!

Escribidme, os lo ruego… a casa y hacedme saber si habéis recibido mi carta. Adiós, mi único amigo; adiós, amadme siempre. Pensad que no cambiaré nunca y que sólo vuestra vuelta podrá devolverme la alegría.

Me parece como si hiciera ya un mes que no os veo. Adiós, cuidad vuestra pequeña compañera, adoradla siempre, ella es vuestra.

M.B.

Os escribiré a Dunkerque el miércoles


♣♣♣♣

Y este es el texto de la escueta carta, no encontrada, pero que nos transcribe el mismo Casanova en sus Memorias, del siguiente tenor:

“Sed sensato y recibid con sangre fría la noticia que os doy. Este paquete contiene todas vuestras cartas y vuestro retrato. Reenviadme el mío, y si habéis conservado mis cartas, concededme la gracia de quemarlas. Cuento con vuestra honestidad. No penséis más en mí. Por mi parte, el deber me impone la obligación de hacer todo lo posible para olvidaros, pues mañana a esta hora seré la esposa de M. Blondel, arquitecto del rey y miembro de su Academia. Me complaceréis enormemente si, a vuestro retorno a París, tenéis la bondad de fingir no conocerme, en el caso que el azar os hiciera volverme a encontrar.”

♣♣♣♣

Extraido del libro «La realidad de Giacomo Casanova». Si te interesa adquirirlo, pincha aquí: http://wp.me/p4Y5Vo-1R

♣♣

Deja un comentario